ENTREVISTA AL ESCRITOR FABIÁN SOBERÓN

Gentileza para Guka de “el Litoral” Ciudad de Tucumán.
“No escribo nada guiado por la idea de un género”

 

El escritor argentino Fabián Soberón, profesor universitario y crítico, nació en Tucumán en 1973. Ha publicado, entre otros, “La conferencia de Einstein” (2006; 2013), “Vidas breves” (2007), “El instante” (2011) y “Mamá. Vida breve de Soledad H. Rodríguez” (2013). Licenciado en Artes Plásticas, colabora con diversos medios nacionales y recientemente presentó su último libro, “Ciudades escritas” (2015), en el Consulado Argentino de Nueva York. Aquí, algunas reflexiones sobre su trabajo.

—¿Cuáles son los primeros recuerdos de tu interés por la lectura y la escritura?, ¿qué libro o episodio ves hoy a la distancia como determinante de tu vocación?
—Yo tenía quince años y mi tía copiaba en una máquina Olivetti los guiones de un programa de radio. Bajo un techo de zinc, con el calor abrasador de la siesta tucumana, escuchaba las teclas metálicas. Ése fue mi inicio como escritor. Unas páginas sueltas mecanografiadas en el silencio del infierno. Luego la voz del locutor que dice una frase del guión. Y después las ondas de radio que se pierden para siempre. Mi escritura es una lucha contra el olvido.

—¿En qué momento y a través de qué procesos comenzaste a publicar en prensa y en revistas, y luego tus propios libros? ¿Qué nos podés contar brevemente de ese periplo, que suele ser muy complicado?
—Mi primer libro se llama “La conferencia de Einstein”. Hace unos meses, se publicó la segunda edición. Diferentes historias se cruzan en el tiempo y en el espacio: un hombre huye de Rosario (Sta. Fe) hacia Tucumán y trabaja como secretario de un alemán en la posguerra. Su hijo lo busca denodadamente. Y contrata a un astrólogo para la pesquisa. Einstein llega a Buenos Aires y entabla vínculo con un filósofo argentino. Dos amigos dialogan en Barcelona sobre arte, historia, política y demás. Encontrar los puntos en común y acentuar las diferencias entre las historias forma parte de mi interés en la novela como contorno antigénero.

—Publicás notas periodísticas y ensayos, y tenés libros publicados en diferentes géneros (novela, poesía, relatos, crónicas) ¿Tenés preferencia por algún género en particular?, ¿cuál sería?, ¿por qué?
—No escribo nada guiado por la idea de un género. En mis libros, se cruzan las variaciones genéricas: crónica, ensayo, poesía, narración, paráfrasis. Los diversos registros se combinan para formar un texto que puede adquirir los contornos de una novela o de un libro de cuentos o una serie de crónicas-poemas. En este sentido, el cine me ha guiado. No para armar las historias sino para pensar en términos menos restrictivos los recursos narrativos y las valoraciones de los registros. Mis libros pueden ser vistos como documentales que exigen la concentración de la ficción o como ficciones que valoran las experimentaciones del documental contemporáneo.

—¿Cuáles son tus métodos, manías, hábitos de trabajo?; ¿éstos dependen del material que estés trabajando? Ostentás una producción muy vasta pese a tu juventud, ¿cómo son tus rutinas de trabajo?
—Tengo dos hijos. Y el tiempo precioso es el de la noche. Con la luna como compañera insomne, suelo maquinar las historias y reprogramar los bocetos en la oscuridad. ¿Quién puede jactarse de no tener manías? Como diría Cioran, mis escritos son la continuación de mis taras. A veces pienso que lo único que hago es tratar de evitar los asuntos que me encandilan. ¿Qué es un yo? En gran parte, un misterio. Por lo demás, es un cuerpo sin carne y sin esqueleto, carcomido por los gusanos de las pasiones.

—¿Cuáles son los autores en literatura y periodismo que considerás tus máximas influencias y por qué? Tenés formación en artes plásticas y música; ¿ello influye en tu trabajo?, ¿de qué formas?
—Uno de mis problemas es el placer por lo diverso, por las múltiples disciplinas. Me paraliza la monotonía. Mi condena sería estar obligado a leer y a escribir sobre un único problema, autor o tema. Felizmente, me interesan la divulgación científica, la historia, el ensayo musical, las novelas contemporáneas, los libros sobre cine, el teatro, la filosofía, la poesía norteamericana, etc. Y creo que ese torbellino es el inicio de mi escritura. La historia de un escritor es la historia de un lector. La lectura y la escritura no son paralelas euclidianas sino hilos de una misma y única trama.

—¿Con qué nos vamos a encontrar en “Ciudades Escritas”?, ¿cómo se te dio la posibilidad de viajar por el país del norte y luego presentarlo en diversas ciudades del mundo, entre ellas la reciente en Nueva York?
—El libro “Ciudades escritas. Crónicas desde EE.UU.” incluye las miradas sobre las ciudades de EE.UU. escritas bajo la lupa del cine, la literatura y la filosofía. En este libro, las ciudades son menos un espejo realista que un modo de configurar y capturar las formas de la cultura. En un cruce de géneros crónica, ficción, retrato, autobiografía las narraciones muestran una mirada que supone una perspectiva simbólica y cultural del viaje. “Ciudades escritas” reúne las iluminaciones breves, los fogonazos, sobre las oscuras calles del barrio chino de Boston, la música de un imitador de Elvis Presley en Burlington, un taxista inglés que habla de los trenes peronistas en medio del campo de Vermont, la poeta Tamara Kamenzsain que repasa su viaje a Japón en un museo, los libros en el kiosco de Strand del zoo, los sucios cubanos en una esquina de New York, la casa de Raymond Chandler en la Jolla, las estrellas rosadas del paseo de Hollywood al lado de la decadencia de los homeless. Es decir, el libro condensa escenas de la cultura en el centro del capitalismo. Las ciudades que visito reflejan en sus calles y en sus pasajes mis emociones. Yo soy yo y mis ciudades. Todo lo móvil se desplaza en el yo. El yo es móvil y las ciudades son móviles. El yo existe como un misterio, como una pregunta. Es una caja inasible, difícil de pensar. Por eso la ciudad me ayuda a descubrir los sentidos y los rincones del yo. He nacido para morir. Las ciudades me ayudan a pensar la muerte. El paseo o el visionado rápido y aleatorio es una forma filosófica. Las ciudades son fantasmas diurnos, papeles echados al viento, fósiles hirvientes que anticipan lo que vendrá. La ciudad es un espejo deforme de mi yo. Puedo hablar de la ciudad porque hablo de mi autobiografía.

El libro “Ciudades escritas. Crónicas desde EE.UU.” incluye la mirada de Soberón sobre ciudades norteamericanas bajo la lupa del cine, la literatura y la filosofía. Foto: Archivo El Litoral

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