ALAN REBOTTARO ENTREVISTA A LUCIANO CAVIDO

Alan Rebottaro
Alan Rebottaro

Alan Ignacio Rebottaro – Edad: 24 años – Lugar: Luján, Buenos Aires – Estudiante del Profesorado en Geografía de la UNLu y docente en Escuelas Secundarias – Poeta.

 Alan realizó para Guka la siguiente entrevista, gracias. Luján, 4 de abril de 2015

 

Entrevista al escritor

LUCIANO CAVIDO

“Escribimos para vencer a la muerte, aunque sea por un instante”

Luciano Cavido tiene 35 años, es escritor, músico y padre de Julia (de 9 años). Hoy en día es parte de la cultura lujanense, fundamentalmente, debido a los poemas que ha publicado en sus libros y a los cientos de sonetos que comparte, cotidianamente, en Internet.

Luciano Cavido
Luciano Cavido

Alan Rebottaro: Para contextualizar un poco tus inicios literarios, ¿podes contarnos cuáles fueron tus primeros acercamientos a la literatura?

 

Luciano Cavido: Bueno, recuerdo que a los 9 años en cuarto grado leí “Platero y Yo” de Juan Ramón Jiménez, más tarde supe que fue Premio Nobel y un gran poeta. Luego en quinto grado actué de paisano recitando de memoria estrofas del Martin Fierro, esto seguramente me marcó y agradezco a esas maestras por haberme acercado a tales letras, nuestras y universales. Seguí leyendo en la adolescencia títulos como “Mi planta de naranja lima”, “El túnel” de Sábato, los cuentos de Cortázar, podría decir que toda la obra de Gabriel García Márquez, pero Sábato me acercó a la literatura psicológica y sabiendo que Dostoievski fue uno de sus grandes maestros me acerqué a él leyendo “Crimen y castigo” a los 17 o 18 años. Luego del mismo autor ruso leí “Los muchachos”, “El jugador” y “Noches blancas”. No fue hasta los 19 años que leí algunos poemas y cuentos de Borges. Fue tal mi entusiasmo con Borges que no paré hasta completar la obra completa tanto en solitario como en colaboración y, al decir esto, no puedo evitar nombrar a Bioy Casares, “La Invención de Morel” me volvió loco. A esta altura estudiaba guitarra y escribía poemas libres y cuentos cortos. A los 20 me propuse, motivado por Borges, leer “El Quijote” pero fracasé. A los 21 retomé el Quijote leyéndolo no como una novela sino como una serie de cuentos, es decir que comprendí que cada capítulo además de ser parte de una novela compleja también era una suma de cuentos distintos con personajes en común.

 

A.R: Me imagino que todas esas lecturas también te daban el “envión” para lanzarte a escribir ¿no?

 

L.C: Si, claro, motivado por la guitarra y las ganas de cantar mis propias canciones, empecé a componer algunos valsecitos y canciones libres preocupado por las letras.

 

A.R: Es decir que las canciones y los cuentos estuvieron desde un primer momento con vos. ¿Pero como fue que llegaron los poemas?

 

L.C: Los poemas llegan luego de tomar una decisión, es decir, ser escritor es una decisión. Todos tenemos capacidades literarias y artísticas pero algunos tomamos, a partir de esta capacidad, la decisión de escribir un poema, cuento o novela. La primera chispa la tienen todos los seres humanos ¿quién no ha dicho alguna frase literaria? Bueno, esa es la primer chispa, ¿ahora qué hacemos con esta chispa? Bien, desarrollamos un poema, un cuento, novela, etc, o decidimos hacer nada. Repito, escribir es una decisión. Creo que la decisión es la misma que la de aquel que opta por ser abogado, docente o plomero, aunque también debo confesar que un artista posee una sensibilidad particular capaz de llevarla hacia su destino inevitable. Tenemos casos para citar: Poe, escritor atormentado, no me lo imagino haciendo otra cosa, es decir, la literatura nos ayuda a conocernos y a crear mundos deseados, imposibles

 

A.R: En este sentido, ¿qué es lo que buscas cuando escribís?

 

L.C: Quizás no sea una búsqueda sino un hallazgo eterno. El artista no busca nada más que la necesidad de traducir en palabras imágenes, sonidos, la expresión de su alma. Borges dijo que aunque estuviese en una isla desierta, sin esperanza que alguien lo rescate y lo lea, el escribiría igual. Y eso resume todo. El arte tiene valor en sí mismo, lo demás es innecesario, no se escribe para nadie más que para uno, pero todos los hombres nos parecemos en la pasión, la tristeza o la alegría, por eso el lector y escritor se deben parecer, hay una relación espiritual. Todos sufrimos, gozamos, reímos, lloramos y el arte refleja eso, sin quererlo.

 

A.R: Podés decirnos, desde tu punto de vista, ¿qué es el arte?

 

L.C: La expresión más sublime y verdadera del género humano no es la ciencia ni nada que se le parezca, sino el arte. Es la que nos retrata verdaderamente, porque está ligada al inconsciente. Sábato dijo que mientras la ciencia se hace con el cerebro, el arte se hace con el corazón, las vísceras, el estómago, los órganos reproductores, etc.

 

A.R: Nos gustaría que realicés un breve repaso de tu obra y que nos contés cuándo comenzaste a publicar, cómo fue ese momento y cómo se dieron los primeros libros.

 

L.C: En el año 2007, con mucho esfuerzo y ayuda familiar, logré publicar una suma de poemas que escribí entre 2001 y 2006. Mi primer libro se llama “Dialéctica” y es como todo primer libro: experimental. Luego, en 2010, llegó “Bien vale un verso”, libro en donde seleccioné poemas (casi en su totalidad sonetos), tres cuentos cortos y dos ensayos.

Debo decir, que el soneto es mi estilo de poema favorito, es un estilo que me gusta mucho, que tengo internalizado y modestamente intento desarrollarlo con respeto, fruto de mis lecturas de los grandes poetas del Siglo de Oro español y de un gran libro de un poeta argentino: Enrique Banchs que, en 1911, publicó “La urna”, un libro de cien sonetos que me marcó para siempre. En la actualidad, tengo 2 libros de sonetos: “Los múltiples destinos”, que se puede encontrar en Internet, con poemas gauchescos y arrabaleros sobre matreros y compadritos y; “Cuando me vaya y te nombre en la tarde” que trata sobre el amor y la soledad. Aún no los puedo publicar, pero ya llegará el día. Como te he dicho, no es lo más importante.

 

A.R: En la actualidad, ¿cuáles son los libros que estás leyendo?

 

L.C: Como decía Borges: “más que un lector soy un relector”. Vuelvo a Garcilaso de la Vega, Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Poe, Rubén Darío, Alfonsina Storni, Borges, Sábato. Leí una novela de Carlos Ruiz Safón, un gran escritor español, “La sombra del viento”. Leo mucha poesía, sobretodo poesía española. Lorca, tanto como dramaturgo o poeta, está siempre presente en mis lecturas. Y hace poco retomé “Recuerdos de provincia” de Sarmiento, al cual considero el gran escritor argentino junto con Borges.

 

A.R: ¿En qué momento escribís?

 

L.C: Escribo cuando surge una idea que creo poderosa. Si esa idea persiste la desarrollo. No busco escribir, pero al desarrollar un poema me siento pleno y al terminarlo siempre tengo la extraña sensación que ese poema debía existir. Si salgo llevo el celular y grabo alguna idea o si estoy en casa tengo la computadora siempre dispuesta. Mis horarios son generalmente nocturnos, pero no tengo una rutina. No se es poeta de 8 a 12 y de 14 a 19, el horario, como la inspiración, es imprevisible.

 

A.R: Más arriba dijiste algo sobre “el destino inevitable” de la escritura.

 

L.C: Creo que algo nos mueve y cada día estoy más convencido que ese algo es la emotividad y la sensibilidad. Pero quizás nuestra tarea solo sea, como dijo alguna vez Spinetta, decorar el mundo. El artista solo lo endereza un poco, lo llena de brillo, lo peina, lo acomoda o desordena. En fin, lo decora.

 

A.R: Luciano, ¿qué podés decirnos sobre la literatura actual argentina?

 

L.C: No soy lector de literatura actual, más bien dejo pasar la novedad unos cuantos años y si esa novedad persiste allí es donde la tomo. La novedad puede ser interesante, el problema es la moda que, a veces, se come a la novedad.

 

A.R: Para vos, ¿qué significa leer? ¿y escribir?

 

L.C: Creo que leer no es sumar libros por año o por mes, sino descubrir el amor por la lectura. Particularmente no he leído muchos libros o si los he leído han sido de forma desordenada, pero a cada libro lo recuerdo con mucho cariño. Creo que leer es un arte mejor que la escritura, es un arte mayor, al leer imaginamos, creo que luego de una buena lectura nuestra escritura llega inevitablemente, pero no debemos buscar el poema, escribimos por motivos más crudos y terribles, escribimos porque nos vamos a morir, porque la muerte está ahí nomás, mirándonos y la escritura, como todo el arte, es una rebelión en contra de nuestra finitud. Creo que ante una obra de arte, la muerte se arrodilla. Y no es solo una frase, creo que por un instante vencemos la muerte. Así como cuando hacemos el amor, la vida es lo que cuenta, cuando escribimos o creamos la idea de la muerte es un poco menos atroz. Porque el arte existe porque existe la muerte, en un mundo de inmortales no habría poesía, ni pintura, ni escultura, la urgencia de la vida lleva al hombre a crear. En la vida no hay tiempo, es ahora o, quizás, nunca. El arte, el amor y la vida son urgencias. En definitiva, escribimos para vencer a la muerte, aunque sea por un instante.

 

A.R: Luciano, siempre es un gusto hablar con vos, gracias por tu humildad y sencillez.

 

L.C: Te agradezco tanto Alan.

 

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