LA SERPIENTE DE ARAGÓN

Gloria Jeannette Morales
Gloria Jeannette Morales

Era una niña silenciosa, observadora. Un par de lentes ocultaban la expresión sombría de sus ojos. Su contacto con los demás podría resumirse en cuatro verbos: escuchar, ver, analizar y callar.
En uno de los patios de la enorme casa en que vivía, su padre, en el afán de procurar una sana y controlada diversión a sus hijas había construido un parque en madera. Balancín, rodadero, columpio….y “La serpiente de Aragón”; nombre que según su tío obedecía a la costumbre de la niña, de ascender y descender dos veces cada vez. Era una especie de escalera, construida con viejos neumáticos de auto pintados en llamativos colores y apilados en zigzag hasta alcanzar la altura de un viejo muro que dividía su casa, de la propiedad de una anciana y solitaria viuda. Interesante mujer. Permanecía en una mecedora, casi inmóvil y totalmente abstraída por su lectura, excepto, cuando sentía la presencia de la niña. La dulce anciana esperaba complacida a que la pequeña terminara todo el rutinario preámbulo, antes de verle asomar diciendo: Buenas tardes Señora Mizdras! – Buenas hija! – Era la cariñosa respuesta para quien le haría compañía con sus curiosas preguntas, bien con respecto a un término desconocido, o, y más frecuentemente, en relación a los lugares en donde el protagonista de sus lecturas vivía toda clase de aventuras

El cuento de Tintín, un pequeño maletín de médico en donde guardaba sus pesares, un recipiente con leche caliente para el gato que acudía casi que de inmediato como si se pusieran cita, y quien obedientemente a la  voz de un autoritario – Ahí -, se detenía. Y la toallita blanca para limpiar una a una las cerezas que desprendía del árbol que su anciana amiga alguna vez sembrara como símbolo de lo que no pudo arrancarle el holocausto. Esos eran los trebejos que llevaba la pequeña al muro…. símil quizá del “muro de la venganza”? Un elemento más, que no dependía de ella, pero que la hacía sonreír alegremente, era la lluvia…. Envolvía el cuento en su saco, desnudaba sus pies y con los ojos cerrados de cara al cielo recibía el regalo melodioso de la lluvia al caer sobre las hojas del cerezo.
La Señora Mizdras partió, pero aún hoy, casi medio siglo después, sigue siendo  su compañera de lectura.

Gloria Jeannette Morales Mogollón

Bogotá – Colombia

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1 Comment

  1. Me gusto su cuento sra Gloria, me parece ver la paz con que la sra Mizdras leia su libro en espera de la niña protagonista que venía a llenarla de juventud con su sola presencia !!! Francisco Martinez.-

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