ESTEFANÍA LEDESMA

Atrápame

Se deslizo suave por sobre las hojas verdes de un árbol frutal, las tocaba una por una mientras me observaba de manera fija y dulcemente, perspicaz a la mía. Sus movimientos eran tan fugaces que mi rostro se movía al compás de sus acciones, haciendo de mí un pobre espíritu vacío dependiente a la liberación del suyo. Por momentos la conexión se hacia infinita, por lo que no poseía con exactitud una noción del tiempo, sus ojos eran ámbar, y en cada pestañaso, me incitaba a sonreír y mirar al piso, pues sentía una violación a mi intimidad, estaría acabado, ella podía ver todos los matices de mi vida, yo solo veía el ámbar.
En un improvisto de acciones, comenzó a correr suavemente, y tras un conjunto de miradas y sonrisas, escuche decirle: “atrápame”. Tarde apenas unos segundos y la persecución comenzó al instante. Me resultaba imposible no seguir el revoloteo de sus cabellos que el viento le tornaba más que adorable, sus manos se liberaban con la brisa, sus ojos se encontraban cerrados, y por primera vez en mi vida, ideé un plan estricto y muy placentero de como tomarla sin que se diera cuenta.
Me escondí justo detrás de un sauce, gran escondite, y espere a que notara mi ausencia, fue cuestión de un par de pasos más, y mi corazón latió cuando sus ojos brillosos notaron la rareza de mi ausencia, hasta que con perplejo desconocimiento del tema comenzó a buscarme.
¡Te tengo!, fueron mis palabras cuando por detrás, mis manos tomaron su cintura.
Sin queja alguna los dos comenzamos a reírnos, y volcados en una sonrisa contagiosa nos miramos uno al otro, nos colocamos mas cerca, puesto que el sol se despedía con menuda paciencia, y no pude soportar su silencio alegre:
-¿Puede el sol ser confidente de nuestro amor, de mi devota dedicación?-Empezaba a ponerme incómodo con su forma de mirarme, tan rara.
Lentamente levantó su mano derecha, y acarició mi rostro, por lo que consiguió decir lo que me haría el ser más agraciado del infinito mundo.
-Somos uno, yo vivo en ti, y agradezco que de a ratos me saques a tu mundo, para poder demostrarte que no todo lo que tienes es malo.
-Pero….yo no soy lo que…
-Si, tú eres lo que yo soy, yo soy lo que tú me das. No subestimes tu naturaleza, mi querido, la vida es un don, estas tan bendecido como todo lo que brilla. Ahora déjame entrar, no deseo ver anochecer.
-Muy bien, pero para la próxima, me dejas hacer otra pregunta, después de todo, fui yo quien te atrapó.

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