ENRIQUE LUIS BRAVO (CUBA)

EN LAS ALTURAS DE BOLIVIA
.
Sobre el catre sucio estaba el cuerpo semidesnudo boca arriba.
El color de su piel era tan natural que no parecía la de un muerto.
Sus labios entreabiertos anunciaban una sonrisa inmortal.
Nadie se movía, el estupor reinaba en la habitación.
El silencio se escuchaba como un grito desgarrador.
Algo terrible había sucedido.
Fue ejecutado el que había luchado tanto y por tantos.
La bala asesina y mercenaria abrió  su pecho.
Un rayo de luz entra por la ventana, ilumina su cara, dándole aspecto de imagen abstracta, como la de  Jesucristo.
Una maestra, agitada y tambaleante entró en el  lugar, donde la gente iba pasando para ver lo que nadie esperaba: temblorosa se acercó lentamente al cadáver.
Parecía que el tiempo se hubiera detenido y algo extraño iba a
suceder.
Un halo luminoso rodeaba La Higuera.
Las nubes cubrieron el sol y todo quedó en tinieblas; los pájaros
dejaron de trinar.
Solamente ella, con  suave mano, cerró sus ojos en un movimiento
que nadie descubrió como un acto de amor, caricia y dolor.
De pronto, una paloma blanca se posó sobre el cadáver, y en veloz partida trepó hacia el horizonte llevando el corazón del muerto, regando con sangre del héroe todos los paisajes de la tierra.
El asesino vio esta escena pero no pudo detenerla y allá iba el Che a seguir viviendo, recorrer el mundo de los desamparados y escribir la historia futura.
La paloma tenía un anillo en su pata donde se leía la palabra Libertad.

16-06-09

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